A don Paquito se le puede ver todas las mañanas paseando por la avenida con sus piernas que casi no le sostienen tratando de sobrevivir a este levante cabrón o mendigando un poco de sol en un banco sin dios.
Republicano aún no contaminado y linense a carta cabal, don Paquito considera emocionantes estas tempranas horas de la mañana en las que el pueblo comienza a movilizarse. Horas hechas, dice, para que una selecta minoría piense cómo estafar de nuevo a una inmensa mayoría.
Don Paquito tiene el defecto de recordar el tiempo, que ya es pasado, con la coherencia íntima de quien lo ha vivido. Cuando habla del momento actual mira hacia los lados como si todavía se protegiera de posibles confidentes de la policía y se embala:
"Siempre dije que en el mundo había más sanas metas que elegir a Marbella como ejemplo para este pueblo. Al final pocos me hicieron caso y la decisión resultó bastante peor que las profecías más pesimistas. Porque quien nos iba a decir que por las rendijas de nuestra confianza colectiva se nos iba a colar otra dictadura. Porque es mentira que la libertad sea esto. La libertad es hablar sin recelo, confiar en el vecino, hacer proyectos para el futuro y no tener que mirar a los lados antes de expresar tus ideas. Es mentira que exista libertad mientras que cualquier mindundi confundido en el paisaje falso de este pueblo te quiera convencer por las bravas…Y es que al final resulta que somos un pueblo-bicoca que nos dejamos pastorear por el primer demagogo que con palabritas finas nos diga que somos un pueblo-estado".
Don Paquito recuerda sin nostalgia los tiempos oscuros que la mayoría apenas llegamos a vivir. Dice que quizás los jóvenes puedan creer que la libertad cayó de un guindo, que surgió sola, que siempre estuvo ahí. Pero los mayores, a los de la generación del silencio y gandinga, a los que nos castigaban retirándonos el pase para trabajar en Gibraltar, a los que fuimos perseguidos por los grises porra en mano por luchar contra la mentira, a los que sembrábamos panfletos contra la dictadura… a todos esos no puede ser que se les haya olvidado.
Tal vez por todo eso, sentado en la piedra húmeda de un banco don Paquito ve pasar las horas muertas mientras se pregunta:
¿Dónde están, dónde está la rabia y dónde el corazón y dónde la esperanza?
23 de enero de 2006 - M.G.F.
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